Habitó Entre Nosotros

Viendo la humanidad de Jesús en el Evangelio de Juan.

por R. Herbert

En la primera mitad del prólogo de su Evangelio, el apóstol Juan nos da siete nombres/títulos de Jesús que muestran Su naturaleza divina como Hijo de Dios (vea “En El Principio” en el AB de enero y febrero).

En la segunda mitad del prólogo, Juan da siete nombres/títulos de Jesús que muestran Su identidad humana y Sus roles cuando habitó en la tierra. Este artículo analiza brevemente cada uno de esos títulos.

Identidad humana

El Elegido de Dios. “Vi que eso sucedió con Jesús, por eso doy testimonio de que él es el Elegido de Dios” (Juan 1:34, énfasis añadido aquí y en todo el texto). Aunque algunas versiones de la Biblia traducen parte de este verso como “este es el Hijo de Dios”, las traducciones recientes han preferido seguir aquellos manuscritos bíblicos que dicen “este es el Elegido de Dios” por diversas razones.

Además, cuando los líderes religiosos judíos interrogaron a Juan el Bautista, se nos dice que “Juan respondió con las palabras de Isaías” (v. 23). En su respuesta, Juan dijo: “Aquel, sobre quien veas que el Espíritu desciende y reposa. . . Vi que eso sucedió con Jesús, por eso doy testimonio de que él es el Elegido de Dios” (vv. 33, 34). Esto parece hacer referencia a las palabras de Isaías: “Miren a mi siervo . . . mi elegido . . . He puesto mi Espíritu sobre él” (Isaías 42:1). El Evangelio de Juan muestra, con este título, que Jesús cumplió la profecía de Isaías sobre un siervo humano elegido por Dios (Isaías 42:6, 7; 61:1, etc.).

Cordero de Dios. “Al día siguiente, Juan vio que Jesús se le acercaba y dijo: ¡Miren! ¡El Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (Juan 1:29). El título Cordero de Dios aparece solo en el Evangelio de Juan y es de particular interés. La imagen se basa en varios símbolos del Antiguo Testamento, especialmente el del cordero Pascual (Éxodo 12:1-6).

Pero hay otro aspecto en las palabras del Bautista. Cuando dijo: “¡Miren! ¡El Cordero de Dios!”, sin duda usó el arameo, el idioma que hablaban los habitantes de Judea y Galilea en aquel tiempo. La palabra aramea talya, que puede significar cordero, también significa niño, hijo o siervo. Pero de los diversos significados de la palabra aramea, el apóstol eligió “cordero” y lo relacionó con el simbolismo de Cristo como el Cordero Pascual humano, que Juan desarrolló como uno de los temas centrales de su Evangelio.

Rabino. Ellos contestaron: —Rabí (que significa “Maestro”), ¿dónde te hospedas?(Juan 1:38). Aquí, y en el verso 49, Juan registra que Jesús fue llamado con el título de Maestro o Rabí por aquellos que querían convertirse en Sus discípulos. Ambas personas en Juan 1:38 acudieron a Jesús, en lugar de responder a Su llamado verbal, mostrando su percepción de Él como un maestro importante.

La palabra rabí era relativamente desconocida entre los gentiles cuando Juan escribió su Evangelio. Por lo tanto, la explica a sus lectores, como hace con otras palabras hebreas en esta sección (vv. 41, 42, etc.). En el caso de Jesús, el título cobró aún más importancia por el entendimiento, como lo demostró Nicodemo, de que Él era un “Rabí . . . venido de Dios” (3:2). Cuando los enemigos de Jesús trataron de tenderle una trampa, incluso ellos le dieron hipócritamente este título (Lucas 20:21).

Jesús de Nazaret. “—¡Hemos encontrado a aquel de quien Moisés y los profetas escribieron! Se llama Jesús, el hijo de José, de Nazaret . . . ” (Juan 1:45).

El nombre Jesús (hebreo Yeshua, que significa “Yahvé es salvación”) era popular en la Judea del primer siglo, por lo que a menudo se le añadían identificadores adicionales (como en el nombre Yeshua Bar Abba, Barrabás). Pero mientras que el nombre Jesús por sí solo tenía connotaciones divinas definidas —como Salvador—, el título Jesús de Nazaret enfatiza claramente el aspecto humano de una persona con un hogar en una ubicación geográfica específica. Este título fue, por supuesto, inscrito en la cruz de Jesús, como solo lo registra el Evangelio de Juan (19:19).

Hijo de José (Juan 1:45). Este título sigue naturalmente a Jesús de Nazaret y fue la forma legal en la que Jesús habría sido identificado en la sociedad de la época. La sugerencia de que Juan admitía la paternidad humana de Jesús, como han afirmado algunos críticos bíblicos, se basa en una completa falta de comprensión. Juan, como cualquier historiador competente, registró lo que la gente decía en tales circunstancias, independientemente de si entendían o no lo que era verdad en ese momento. En cualquier caso, se trataba de un título humano normal que mostraba un aspecto del Jesús humano como persona con una familia y un entorno social conocidos.

Rey de Israel. “Tú eres el rey de Israel” (Juan 1:49). El título de rey de Israel (Sion) se encuentra en el Salmo 2:6, que, para el primer siglo, ya era comúnmente conocido y citado en discusiones judías sobre el Mesías prometido. El título es prácticamente idéntico al de rey de los judíos, que usaban los gentiles (Juan 19:3, etc.). Solo el Evangelio de Juan afirma que el título de rey de los judíos fue asignado a la cruz de Jesús (19:19), confirmando así la realidad de Su realeza, aunque quienes esperaban un mesías político no lo reconocieran. En este sentido, resulta interesante que solo Juan registre la declaración de Jesús a Pilato de que en efecto era rey, pero no uno político (18:36).

Hijo del Hombre. “De cierto, de cierto os digo: De aquí en adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre” (Juan 1:51, RVR 1960).

El doble de cierto al principio de las palabras de Jesús en este verso solo se encuentra en el Evangelio de Juan, donde aparece veinticinco veces — siempre pronunciado por Cristo cuando enfatizaba cosas de particular importancia. El título Hijo del Hombre también se usa únicamente en los Evangelios por Cristo cuando se refiere a Sí mismo. En el Antiguo Testamento, el título se utiliza de tres maneras: 1) del hombre ideal (Salmos 8:4-8 etc.); 2) de Ezequiel, cuando Dios se dirigió al profeta (2:1, etc.); 3) en Daniel, donde se dice que el profeta vio “a alguien parecido a un hijo de hombre descender con las nubes del cielo . . . y “Su gobierno es eterno, no tendrá fin. Su reino jamás será destruido“ (Daniel 7:13, 14). Pero Hijo del Hombre no era un término común para el Mesías esperado (Juan 12:34). De hecho, parece que Jesús ha usado consistentemente el título para significar Su propia humanidad.

Esto es un hecho importante porque a menudo tendemos a pensar en Juan como el Evangelio que muestra la naturaleza de Jesús como el Hijo de Dios. Sin embargo, en los siete títulos que utiliza, Juan nos muestra que la humanidad de Jesús era tan importante como Su divinidad.

Humanidad única

Esto lo vemos a lo largo del Evangelio de Juan, tanto en su uso continuo del título de Hijo del Hombre como en la forma en que incluye varios relatos únicos en los que la humanidad de Jesús se hace explícita.

Un ejemplo está en la historia (que solo Juan registra) de la mujer que Jesús conoció en el pozo de Samaria. Juan comienza la historia diciendo: “Jesús, cansado por la larga caminata, se sentó junto al pozo cerca del mediodía” (4:6). Juan podría haber omitido todos estos detalles — el cansancio de Jesús, Su necesidad de sentarse, Su necesidad de agua en el calor del día — y aun así haber contado la historia de la mujer samaritana. Pero conscientemente los incluyó para afirmar, e incluso enfatizar, la humanidad de Jesús.

Esto puede deberse en parte a que, poco después de la formación de la iglesia primitiva, muchos primeros cristianos que habían aceptado que Jesús era Dios lucharon con la idea de que Él también era plenamente humano. De hecho, una de las primeras herejías que entró en la iglesia cristiana fue la del docetismo, que enseñaba que Jesús era Dios apareciendo en forma humana y no verdaderamente un hombre. Juan presenta pruebas en contra de esa idea a lo largo de su Evangelio y continúa argumentando en contra de ella aún más directamente en sus epístolas (1 Juan 4:2; 2 Juan 7).

Plenitud

Juan utiliza nombres y títulos adicionales para Jesús a lo largo de su Evangelio (6:14, etc.). Sin embargo, los siete títulos del prólogo que enfatizan aspectos de la divinidad de Jesús y los siete que destacan aspectos de Su humanidad encajan perfectamente con el patrón del apóstol de mostrar la plenitud. Lo logra mediante grupos de siete: los siete milagros realizados por Jesús, Sus siete declaraciones de “Yo soy”, los siete testimonios, etc., así como los numerosos ejemplos en el Apocalipsis. Dado que el prólogo del Evangelio de Juan utiliza precisamente siete títulos divinos y siete títulos humanos, queda claro que su intención era presentar a Jesús como el Hijo de Dios plenamente divino que también vino a la tierra y se convirtió en el Hijo del Hombre plenamente humano.

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En la Casa de Mi Padre

Written By

R. Herbert holds a Ph.D. in ancient Near Eastern languages, biblical studies, and archaeology. He served as an ordained minister and church pastor for a number of years. He writes for several Christian venues and for his websites at http://www.LivingWithFaith.org and http://www.TacticalChristianity.org, where you can also find his free e-books. R. Herbert is a pen name.

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